Me gusta ver despacio cómo se deshace el tiempo.
Sentir cómo se mecen sin gobierno,
liberadas, las horas tontas
vacías de urgencia.
Me gustan, no lo niego,
las esperas rotundas
de la radio fatal.
Cuando el 'hablar
por hablar' se diluye,
lento,
hasta fundirse en placentero abrazo
con los átomos del sueño reparador.
Oigo la radio cercana
mientras le opongo resistencia fácil.
Al fin, todo se vuelve
capa invisible tejida con hilos de colores.
Luego me confundo en un gris de ensueño.
Y solo me aguarda al alba
la impertinente lucidez
del despertar,
seguro.
