Estoy enfrascada en una fase decisiva del sueño, cerca del amanecer, creo, a juzgar por la neblina azulada lechosa que medio me ilumina. Cuando se está a un paso de alcanzar el final feliz y el día se precipita.
Súbitamente dejo el sueño en suspenso, siento una presión blandita que mulle mis tobillos y mis rodillas. ¿Qué suave tacto es éste, que me acaricia?
_No, ¡no puede ser!, exclamo sin discernir sueño de realidad.
Movida como por un resorte, parpadeo, miro de reojo, me incorporo de un brinco endiablado y en ese mismo momento, en salto de tigre, hace lo mismo huyendo por la ventana ¡un gato pardo con pintas negras!
De película. Todo ha sucedido a increíble velocidad. En un instante el felino fatal se ha cargado el tiempo onírico profundo, cuando la realidad se vive irreal, precisamente. Cuando la sensación gana en levedad y el espacio parece materia flotante, flotante.
_¡¡Mal gato!!, he acertado solo a gritar.
Apenas el suceso ha ocurrido en cinco segundos. Cinco eternos segundos, cinco. No ha hecho falta más para espantarnos, el misino, naturalmente y yo, por razones obvias.
Del gato no he vuelto a tener noticas. Ni ganas me quedan si no es porque en la próxima aparición estaré prevenida y le plantaré cara. Si quiere un cuerpo a cuerpo, lo tendrá. Me sobran arrestos.
Por lo pronto, hoy cierro la ventana, manque me abrase.
Si regresa, que llame y ya decidiré si abro o le propino un estacazo.
Lo tiene merecido.
¡Qué negras tenía las pintas sobre marrón!
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domingo, 15 de agosto de 2010
domingo, 25 de abril de 2010
¿QUÉ FUE DE LOS CORREOS?
Hace tiempo me ronda un serio presentimiento sobre el paradero de los 'mails' que no llegan a su destino.
Como quien no quiere la cosa, da comienzo el ritual. Preparas el mensaje y antes te haces un verdadero lío con los hotmailes, los yahoos, los gemailes, los terras, los wanodooses. Pulsas a enviar siguiendo instrucciones y ¡a esperar!. Allá que te allá descubres que el correo se perdió. Vaya usted a saber por dónde y a qué se debió. Pero se perdió y punto. [Punto com o punto es, que no es indiferente] Nunca más hubo noticia de aquél, la verdad.
Posibles lugares donde emprender la búsqueda:
El espacio sideral, algo lejos queda, francamente.
El segundo anillo de Saturno, hoy fuera de conexión.
La isla de Pascua. No responde.
El Interné...Tampoco está operativo.
Es decir, que persiste una duda que a casi todos preocupa, pero es abordada con excesiva ligereza, como si fuera asunto baladí, de jugueteo intranscendente. No y mil veces no. No me rindo.
Vuelvo a la carga con el 'objeto perdido'. Consulto con los extraterrestres por si alguien, queriendo gastar una piadosa broma, ha abducido los mensajes volatilizándolos en la espesura de la vía láctea, de leche, sí. Los pobres no tienen ni idea de qué pudo ocurrir. ¿Tal vez cierta multinacional en recesión de identidad se ha hecho cargo del delicado material, al menos hasta que remita claramente la crisis que nos hace polvo? Bien pudiera ser. Así, apenas las aguas se remansen, regrese el personal a sus ocupaciones, la iglesia encuentre serenidad y todo, todo se normalice, volverán por sus fueros los mensajes, aunque sean subliminales. Aunque sean material de desecho. Pese a ser seria amenaza de virus, muy peligrosos. Aunque su destino no sea otro que 'eliminar' y a la papelera.
De momento, créanme, nos hallamos ante un colosal misterio sin resolver. Otro de tantos. Segundo Milenio a cuestas.
Como quien no quiere la cosa, da comienzo el ritual. Preparas el mensaje y antes te haces un verdadero lío con los hotmailes, los yahoos, los gemailes, los terras, los wanodooses. Pulsas a enviar siguiendo instrucciones y ¡a esperar!. Allá que te allá descubres que el correo se perdió. Vaya usted a saber por dónde y a qué se debió. Pero se perdió y punto. [Punto com o punto es, que no es indiferente] Nunca más hubo noticia de aquél, la verdad.
Posibles lugares donde emprender la búsqueda:
El espacio sideral, algo lejos queda, francamente.
El segundo anillo de Saturno, hoy fuera de conexión.
La isla de Pascua. No responde.
El Interné...Tampoco está operativo.
Es decir, que persiste una duda que a casi todos preocupa, pero es abordada con excesiva ligereza, como si fuera asunto baladí, de jugueteo intranscendente. No y mil veces no. No me rindo.
Vuelvo a la carga con el 'objeto perdido'. Consulto con los extraterrestres por si alguien, queriendo gastar una piadosa broma, ha abducido los mensajes volatilizándolos en la espesura de la vía láctea, de leche, sí. Los pobres no tienen ni idea de qué pudo ocurrir. ¿Tal vez cierta multinacional en recesión de identidad se ha hecho cargo del delicado material, al menos hasta que remita claramente la crisis que nos hace polvo? Bien pudiera ser. Así, apenas las aguas se remansen, regrese el personal a sus ocupaciones, la iglesia encuentre serenidad y todo, todo se normalice, volverán por sus fueros los mensajes, aunque sean subliminales. Aunque sean material de desecho. Pese a ser seria amenaza de virus, muy peligrosos. Aunque su destino no sea otro que 'eliminar' y a la papelera.
De momento, créanme, nos hallamos ante un colosal misterio sin resolver. Otro de tantos. Segundo Milenio a cuestas.
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