Y quedaban los instintos
aquietados de olvido.
Envueltos en gasas
gris perla.
Otra vez una vez ajustada
y sumisa.
Te aguardé llameante
¡No tardes, que llegas!
Me enmarcaban instintos
distintos
en la espera.
Marca verde madreselva
se tendía a mi lecho
recorriendo reductos de piel
sublimados en ambar dulzón.
Me amagaron destellos sin fin
y una atomizada sensación
de tenerte en prisión selecctiva.
Y surgieron triunfantes
instintos. Mis glorias,
cara oculta, decian tus ojos.
Nube clara de inmenso algodón
deshilado entre dedos.
oh, reciclado de olvidos.
cara oculta, decian tus ojos.
Nube clara de inmenso algodón
deshilado entre dedos.
oh, reciclado de olvidos.
¡Me cuesta tanto!
