Cuando quieras
el paraguas te protegerá del
aguacero.
Cuando quieras,
con el corazón de par en par abierto.
Sin incordios cordiales.
Cuando gustes, la balanza
sensible se inclinará
en levedad.
La sentirás decantarse
a tu favor.
Cuando quieras
el aroma boscoso
impregnará tu pituitaria
sin freno, sin reparar
en detalles livianos.
Cuando no puedas más,
dos fuerzas convergentes
pugnarán por susurrarte al oído
solo un 'la vida es bella'.
Esencia. O cuando quieras.
Cuanto tienes que quieras,
de las pérgolas al suelo
cayendo mansamente
han de derramar esencias.
Sin que quieras,
murmurará de continuo
como cantilena fácil
el caramillo afinado.
Y sentirás la caricia
de esencia vital...
Bella la vida. Bella
aun cuando sientas
un rotundo
'prohibido el paso'.
Aun cuando sientas
el desafecto
como de álamos desnudos,
no ha de faltarte
amores presentidos
de tú a tú,
en vaivén de cuentos.
Quieras no quieras.
Se rendirán las ausencias.
¿Y la vida ¡Bella!?

