Solo se impuso el mar y su silencio
solo la tragedia selló para siempre ojos.
Cerró para el frío las bocas del esplendor.
Solo de su fragilidad se alimentó el mito.
Era la inmensidad a desmano de máquinas.
Sin timón ni timonel.
Con toda ciencia a babor
y por estribor, el caos
al servicio de un iceberg traidor.
Leyendas de aprendizaje total.
Hasta que otras diezmil leguas
de viaje submarino
den con otro giro de prodigios.
Será tarde para los héroes.
