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martes, 9 de julio de 2013
DOS MILLARES CIEN ENCADENADOS
['nadie cautivará al cautivo']
Entreabrirás la puerta
impermeable al alud de los deshielos
Y asombrarás de sombras
el balcón de mirarte desvaídos
Redoblarás cadenas
cuando faltes en brillo de olvidos
y encubras la noche
si en verla van dos ojos. De latidos
de yunque en la sien
te velará la tierra
tornadiza de epístolas,
capelina de monstruo
muerto insepulto, cerca.
Ahora ruega te enjuguen
al cabo cien ojos sin dueño
que miran
que lloran a nadie,
dos millares de riesgo de esperas.
Franquearás la puerta
Recubrirás de lunas
la arena inamovible en mil palabras.
Retornarás la puerta
muy después de extender la sábana
que te airea risueña
su albura procaz.
Rezarás alabanzas de día
como tiro de gracia
a matarte en los sesos el filo
oración. Beso y rezo ritual
Madera envejecida
(Ramas del árbol sin pies
recubierto de nada)
Entreabirás las puertas
cuando las sombras declinen
y te aplasten
y burlen
y juren a golpe y martillo
el dorsal de tu muerte segura.
Flores
lunas luneras
y miseria como hojas caducas.
Pero si antes, al alba, dispones
morirte a pedazos,
recubrirte en negror como espadas
cuando amaine la luna,
hazte sitio,
temblor.
Hazte fragua
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